Suerte
Era una hermosa tarde de sábado, con lluvia y café con leche. En el televisor pasaban un emocionante partido entre el Zaragoza y el Athletico Madrid. Por suerte, el bar en el que me hallaba, estaba ubicado en una esquina, lo que me permitía, en los momentos en que el partido tenía tiempos muertos, mirar a las chicas que corrían para escapar del agua, con sus pechos aflorando bajo las camisetas hechas sopa.
Ella llegó, como llega el invierno, con los rulos aplastados y los pies sudando charcos. Se acercó a mi mesa, se sentó de espaldas a la tele, encendió un pucho con olor a humedad y me dijo:
- Tenés suerte de que llueva, sino, te habría confesado una infidelidad.
Ella llegó, como llega el invierno, con los rulos aplastados y los pies sudando charcos. Se acercó a mi mesa, se sentó de espaldas a la tele, encendió un pucho con olor a humedad y me dijo:
- Tenés suerte de que llueva, sino, te habría confesado una infidelidad.
Etiquetas: Cuento

5 Comments:
Es un cuento para un día de lluvia y hoy hay un sol hermoso, hiciste mal en sacarlo.
Bares y lluvias y tantos cigarros mojados que nos han marcado. Como extraño los momentos dulces cambiados por la vida amarga! ¡Pero por suerte, siempre hay promesa de más dulzura, un día, una semana!
En el mientras tanto, se me caen los dientes, siento dolor y vos me besas la frente.
Otros besan mis labios, yo te miro de reojo y te pido perdón con mi expresión cansina
¡es que estoy tan harta de la pelotudes de la que soy esclava!
que bueno esta el relato
Me imagino un bar de esos que están cerca de las estaciones, que por lo general están llenos de hombres que toman mucha cerveza.
En serio, me gusta mucho.
un beso
Cerdo aquí estoy cumpliendo con lo prometido; Creo que las palabras de la mujer, en vez de tomarlas literalmente, hay que tomarlas como un pie "a lo que siguió después"y va a gusto del lector. Los días de lluvia son el espacio por exelencia de la infidelidad. Un beso David.
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